Hoy he escuchado la frase de que “un final feliz es una
historia sin acabar”. Me ha impresionado brutalmente esa frase, puede que para
muchas personas esa filosofía de vida sea la correcta, puede que incluso sea
cierto a una escala global, ya que toda historia acaba de forma definitiva, y
la mayor historia de un ser humano es el conjunto de su vida, la cual finaliza
con su muerte, acontecimiento poco feliz en un ser humano normal. Pero me
parece un triste modo de ver las cosas.
La vida no es un conjunto de finales, es un conjunto de
experiencias que sin saber muy bien a donde nos llevan, nos forman, nos crean
como seres humanos, nos hacen tener un “yo”. Eso no quita que los finales
existan, y que además sean una mierda, pero vivimos finales constantemente; el
final de una película, el final de una charla, de un beso, de un abrazo, de un
helado, de una canción, de una quedada de amigos o simplemente el final del
día. Y no se hacen dramas de estos finales, estamos acostumbrados a ellos, y
los dramas quizás se montan donde pensamos que hay finales como precipicios. Y
digo “pensamos” porque una parte de mi cree como la frase del principio que no
existen los finales felices, los finales felices que nos han impuesto son los
peliculeros, el típico chica conoce a chico y acaban juntos comiendo perdices,
eso no es un final real, es pura ficción. No existe ningún final feliz real en
este mundo, por eso es una tontería fingir que si, fingir que vamos a llegar a
algún momento en el que esas perdices estarán en nuestra mesa. Puede sonar a
desgracia pensar que esto no ocurrirá, pero es todo lo contrario. Nadie
necesita un final feliz sino un momento feliz. Nuestra vida no es ninguna
película, no somos actores ni llevamos un guion aprendido, podemos estar bien y
de pronto todo cambia y le da la vuelta a nuestra vida, algo que nadie tenía
previsto. Nadie sabe que le depara el día de mañana.
Yo muchas veces he pensado que sin un motivo real, sin una
explicación a mi vida y a todo lo que ocurre en ella no merecía la pena vivir.
Básicamente, porque no quiero vivir sin más, me gusta pensar que estoy aquí por
algo, que estas palabras servirán a alguien o que hay alguien ahí fuera que
algún día despertará junto a mi. Pero nadie tiene esa respuesta, ese porqué no
existe e intentar encontrarlo acabará por consumir a cualquiera que lo intente.
Conmigo casi lo logra, hasta que unas personas por las que daría la vida me
enseñaron que ese porqué no lo voy a obtener con 18 años. Que mi vida, la tuya
y la de cualquiera, tiene la justificación que nosotros le queramos dar.
Nuestro papel lo desempeñamos nosotros y
cada una de nuestras decisiones nos llevan hacia donde debemos ir.
Por eso me levanto cada día, porque no espero un final
feliz, no creo en ellos. Feliz no es un adjetivo para un final, feliz es un
adjetivo para mi, para ti y para todo en lo que pueda influir. No busques lo
que no existe, decídete a ser feliz y olvídate de buscar un motivo a lo que no
lo tiene. Vivir es el único objetivo, vivir y descubrir al final de nuestros
días el sentido de ello, no al principio de todo. Porque si encontramos la
explicación hoy, ¿de que nos servirá mañana? El sentido de vivir, es
encontrarle el sentido a la vida mediante la misma.
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