Recuerdo como hace ya unos años hablé a una pantalla en blanco
sobre las cuentas atrás, pero hablaba concretamente de una cuenta atrás que
desembocaría en algo realmente desagradable en ese momento de mi vida. Hoy
pienso en las cuentas atrás de otro modo, porque estoy en otra cuenta atrás,
estoy esperando que ocurra algo que deseo no algo que temo.
No puedo decir que mi vida se base ahora mismo en esa cuenta
atrás, porque mi vida no es solo eso. También tengo cuentas atrás indefinidas,
que no sé cuando se consumirán. Pero esas son algo más desagradables de
aguantar porque su desenlace no es algo deseable. Ahora mismo prefiero
concentrarme en aquellas que me aportan lo que toda persona necesita; esperanza
y motivos por los que afrontar un día difícil.
Porque siempre estamos esperando algo, por pequeño e
insignificante que parezca ser ese algo. Puedes estar esperando a tus amigos,
esperando al autobús, esperando a un profesor para empezar la clase, esperando
a que te traigan la cena, esperando a que te cojan el teléfono, esperando a que
acaben los anuncios, esperando a que pare de llover, esperando a que empiece un
concierto o una película, esperando un nacimiento, esperando una muerte
inminente e inevitable, esperando el verano o el invierno, esperando a que
llegue el viernes o simplemente esperando que caiga una estrella fugaz una
noche de agosto.
Pero hay esperas más grandes, más intensas y mucho más
significativas para cualquiera. Y nuestra vida es un gran conjunto de esas
pequeñas y esas grandes esperas. Porque siempre estamos esperando. Lo que no
podemos hacer es dejar que una gran espera nos aparte de nuestra vida. Y es que
aunque con todo lo dicho parezca lo contrario, no estamos hechos para esperar,
estamos hechos para simplemente vivir con todo lo que conlleva, pero para vivir
al fin y al cabo.
Puedes estar esperando el momento más importante de tu vida,
pero mientras lo esperas no dejas de vivir o no debería dejar de hacerlo, tu
corazón sigue latiendo y tu alrededor sigue su curso. Las pequeñas y diarias
esperas rellenan las grandes esperas, y esas grandes esperas forman la mayor de
las cuentas atrás; la vida y su final.
Utiliza la mayor cuenta atrás que vivas ahora mismo como
motivación cada día, porque llegarás a eso pero solo si vives.